El Fluir de la Vida: Revelaciones de Nereus
La voz retumbante de Nereus se alza nuevamente, semejante al eco de las olas rompiendo contra los acantilados. Sus ojos, profundos como las insondables fosas abismales, brillan con la sabiduría de incontables inviernos.
"Escuchadme, mortales, y prestad atención a las palabras de este anciano que ha visto las mareas ir y venir tantas veces como las estrellas que adornan el manto nocturno. No me interroguéis sobre la edad que rige mi existencia longeva, pues en esta vida transitada, aprendí a emularme con el viento."
El dios hace una pausa, permitiendo que el murmullo del oleaje acompañe sus palabras como un coro natural. Luego prosigue:
"El viento, ese ente inmaterial que corre emancipado de ataduras, borrando con su aliento las cadenas del miedo que amarran las almas de los hombres. Un soplo atrevido y sincero que pronuncia verdades, sin que las barreras lo frenen.
¿Qué importan los años que pesan sobre estos hombros ancianos cuando llevo el mismo tiempo del aire que respiro gloriosamente? Me siento imponente cual montaña submarina que se eleva en silencio, desafiando las profundidades con su majestuosa presencia. Mis años son tantos que aprendí de los errores cual alumno aplicado. Bebí del amor sus más dulces licores hasta embriagar mi ser de esa ambrosía que enciende el fuego eterno en los corazones apasionados."
Nereus hace otra pausa, permitiendo que las olas acompañen su discurso como un arrullo milenario. Sus ojos recorren el horizonte infinito antes de continuar:
"Esta edad que que llevo me permite ver las cosas simples como el mayor de los tesoros. Descubrir en la mirada de un niño su profunda pureza y esa curiosidad inagotable por descifrar los misterios de la vida que nos circunda. Mi edad no se cuenta en años, sino en miles de vivencias y sabidurías que junté pacientemente en cada uno de mis días. Soy el viento, la brisa, el aire sin tiempos que fluye libremente. Soy como ese elemento imperecedero e intangible."
El anciano alzó sus brazos, como si quisiera abrazar el vasto mar que se extiende ante él:
"Sin años como el río que corre incesante trazando su camino. Como el sol que brilla majestuoso desde el amanecer hasta la puesta. Como la luna eterna que ilumina las sendas más oscuras de mi alma. Por ello, no me interroguéis sobre la edad que me rige, pues es cuando se cosecha la experiencia de cada una de las vivencias que el tiempo entreteje. Yo soy como el viento; un ser sin edad que ha aprendido a danzar al compás de la vida, sin ataduras, sin prisas, fluyendo eternamente."
Las olas aplauden las palabras de Nereus con su eterno vaivén. El dios esboza una sonrisa sabia y permite que el silencio cubra la escena como un manto de paz infinita.

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