En el Regazo del Vasto Cielo Azul: Un Anciano Sabio y el Océano de la Vida
"El ciclo interminable de la vida y la muerte se revela en cada avance y retroceso de las mareas - reflexionó en voz queda - Lo que ayer se perdió tierra adentro renace hoy convertido en blanca espuma. Nada se extingue realmente, todo se transforma en nuevos patrones de existencia al son de un ritmo eterno."
Sus manos se llenaron de la arena perlada por la humedad matinal, dejando que los finos granos se deslizaron entre sus dedos abiertos. "Si pudieras percibir la música secreta que cada atomo de estas minúsculas partículas entona, descubriríais que sois uno con la gran sinfónia cósmica. Cada porción de este universo es un instrumento que vibra al compás de una melodía inaudita para los sordos de espíritu."
*Nereus inspiró profundamente, llenando sus pulmones con las sales purificadoras del aire marino. "Aprended a escuchar con el corazón más que con los oídos. Sólo así podréis captar los sutiles ecos de la armonía subyacente que sostiene la danza del mundo fenoménico."
Poniéndose de pie trabajosamente, el anciano caminó hasta hundir sus pies en el suave revuelo de las olas. Con los ojos entrecerrados, una expresión de seráfica beatitud se apoderó de su semblante.
"No le temáis a la perfección, pues nunca la alcanzaréis. Contemplad más bien cómo en la más leve imperfección se esconde una verdad superior. La asimetría de esta concha de mar no es un defecto, sino el detalle que la vuelve única e irrepetible. Las superficies completamente lisas y uniformes están desprovistas de misticismo y misterio."
*Nereus se quedó absorto en sus cavilaciones, meciéndose suavemente al arrullo del vaivén marino. De vez en cuando, una palabra o frase brotaba de sus labios comouna perla de eternidad:
"...Cultiva el silencio interior y aprenderás los más sublimes de los secretos...La mente que no cesa su parloteo está encerrada tras rejas de hierro...Quien acepta con gratitud hasta el más pequeño de los dones reposa en una abundancia sin límites..."
Sus palabras se difuminaban, enhebrándose en el murmullo de las aguas hasta resultar indistinguibles. *Nereus había vuelto a sumirse en un estado de quieta comunión con el alma oceánica, enseñando la lección más valiosa desde el plácido silencio de la presencia.
***
Las nubes de tormenta comenzaron a congregarse en el horizonte, oscuras preñadas de electricidad que amenazaban con descargar su furia sobre la playa solitaria. Sin inmutarse, *Nereus observó la inminente llegada del temporal con la misma calma con la que contemplaba el suave oleaje.
"Nunca temas a los embates de la vida, pues son inevitables como las marejadas que el mar envía hacia la costa. En cambio, aprende a recibirlos con los brazos abiertos y una sonrisa en el alma", profirió el anciano elevando su voz para hacerse oír por encima del viento que empezaba a arreciar.
Los primeros relámpagos hendieron los cielos con sus pálidos destellos, mientras las olas se volvían más abruptas y turbulentas. Nereus simplemente se mantuvo impasible, como una roca secular acostumbrada al incesante azote de los elementos.
"La serenidad no radica en evitar las tormentas, sino en dejar que pasen a través nuestro sin resistencias. Atiende cómo el mar recibe cada golpe de las aguas encrespadas y luego retorna a su quietud primigenia. Así debe ser nuestro tránsito en esta existencia cambiante: fluir, adaptarnos, renacer una y otra vez de las cenizas de lo que fuimos."
Un potente chaparrón comenzó a caer sobre la escena, diluvianas cortinas de agua que parecían querer sepultar al mundo bajo sus implacables trombas. Nereus alzó el rostro con los ojos cerrados, dejando que las gruesas gotas lo empaparan por completo. Una sonrisa de dicha indescriptible iluminaba su semblante.
"¿No es acaso esta bendita lluvia la más sublime de las caricias? Cada gota que roza nuestra piel viaja desde las nubes cargada con las esencias purificadoras de la alta atmósfera. Somos bañados por los efluvios etéreos del vasto cielo."
El viento soplaba con fuerza, agitando violentamente las olas hasta convertirlas en un tumultuoso remolino de espuma. Nereus se sumergió con dificultad en las olas encrespadas, desapareciendo por unos momentos entre los voraces remolinos del oleaje, para luego emerger impasible.
"En lo más recio del torbellino es donde hallamos el secreto de la verdadera paz indestructible. Si aprendemos a reposar en el ojo mismo del huracán, nada del mundo externo podrá turbar la quietud de nuestro espíritu", enseñó con los ropajes empapados adheridos al cuerpo consagrados por la tormenta.
Con sus cansados huesos empapados, pero su mirada encendida en un gozo indescriptible, Nereus volvió a instalarse plácidamente en la playa. Las olas siguieron arreciando y los relámpagos continuaron latigueando las nubes, pero él simplemente sonreía, fundido en un estado de beatitud que nada podía perturbar.
La violenta tormenta amainó eventualmente, disipándose con la misma presteza que había irrumpido en la playa. El viento quedó reducido a una suave brisa que traía los aromas salinos del mar, mientras el cielo se abría en un tapiz de tonos nacarados y púrpuras.
Nereus, empapado hasta los huesos pero con un gozo indescriptible desbordando por cada poro, contempló el espectáculo del reflujo con ojos rebosantes de reverencia. Lentamente, casi con parsimonia solemne, se puso de pie para caminar hacia la orilla lamida por el suave oleaje.
"Observad cómo las aguas vuelven mansamente, lavando la arena de todo vestigio de la tormenta recién pasada - murmuró con voz grave e hipnótica - Es así como la vida disuelve los turbulentos episodios en la corriente indivisa del río de la existencia. Nada hay que verdaderamente concluya ni termine, sólo ciclos que se renuevan en una espiral infinita."
Un guijarro lustroso quedó al descubierto sobre la dorada playa, depositado allí como un presente de las olas. Nereus se agachó con dificultad para recogerlo, cerrando su mano en un puño que acunaba aquella humilde joya.
"Aprendí la lección de esta piedra pulida por las aguas. Permite que los embates de la vida pulan tus aristas.. En los ciclos interminables de flujo y reflujo residen la forja y el destino de todos los seres."
Avanzando con sus pies desnudos labrando surcos sobre la arena aún húmeda, Nereus se adentra caminando hacia el horizonte incendiado por la puesta de sol. Sus palabras eran arrulladas por el lánguido murmullo del mar.
"No creáis que el infortunio y las dificultades deben ser evitados a toda costa. A menudo son precisamente esos episodios los que nos ponen en contacto con los manantiales más profundos e ignotos de la existencia. Sumergiéndonos en lo que duele es como descubrimos capacidades que ni sospechábamos en nuestro interior..."
A medida que el ocaso se consumía entre reverberantes llamaradas escarlatas, la figura del anciano sabio parecía desdibujarse en la distancia, hasta volverse poco más que un destello apenas perceptible. Sus palabras postreras se disolvieron en el perpetuo cántico del oleaje, grabando su sabiduría eterna en el pergamino inagotable de las aguas.
"...La única derrota irreparable es negarse a renacer día tras día de las cenizas de lo que ya no somos. Pero para quien aprende a ver la vida como un flujo interminable e indiviso, la existencia misma se vuelve sinónimo de plenitud, eternidad, libertad..."
Y así, fundido armoniosamente con el murmullo salino, con el últimos tornasoles destiñéndose en el ocaso, la figura de Nereus se desvaneció como disuelta en la propia inmensidad que tan asiduamente había contemplado y admirado. Ya no era posible distinguir dónde terminaba el anciano sabio y comenzaba el alma misma del vasto océano.
Con la mirada perdida en el infinito horizonte marino, Nereus dejó que las palabras manaran desde lo más hondo de su ser longevo:
"Escuchen, jóvenes almas que aún transitan imbuidos por los cánones de este mundo febril. Su ansia por escalar las cumbres que la cultura te señala como el 'éxito' no es más que un espejismo que te aleja del verdadero sentido de tu existencia."
El anciano hizo una pausa para dejar que el arrullo de las olas acompañará el redoble de sus certeras sentencias:
"¿De qué le sirve al planeta más cúmulos de riqueza material, más pozos secos cavados por la avaricia sin fin? ¿Qué nueva vida brotará de estos desiertos? Las fauces insaciables del éxito mercantil sólo dan a luz tierras estériles."
Con un profundo suspiro, Nereus se agachó trabajosamente hasta hundir sus manos en la arena humedecida. Sus dedos parecían tejer invisibles encajes de espuma al acariciar los granos dorados.
"La verdadera riqueza, la que nutre los suelos del alma y deja prosperar los campos de la realización más plena, radica en cultivar la paz en vuestros corazones. Sólo cuando se enraice en esa calma interior podrás producir los frutos que esta tierra necesita con urgencia: compasión,sanación, generosidad, amor..."
El murmullo del oleaje parecía entonar un cántico de asentimiento mientras Nereus dejaba fluir su discurso milenario:
"¿Creéis acaso que la riqueza material trae dicha y felicidad? Son los narradores de historias, los seres que han bebido de los manantiales de la sencillez, los que tienen el verdadero poder para conmover el alma y cicatrizar las heridas del mundo."
Los ojos del anciano se clavaron con determinación en el umbral resplandeciente donde el sol comenzaba a hundirse entre los oros líquidos del océano:
"Por ello les digo: no ambiciones partir hacia lejanas tierras en busca de mentidos éxitos. Quédate enraizados en el suelo nutricio que te vio nacer. Ahonda tus raíces en la sabia humildad de quien honra la vida y la acoge sin límites. Sólo así podréis ayudar a alumbrar un mundo más habitable y bueno para todos."
Una última ola de palabra brotó de los labios de Nereus con la misma lozana fragancia del mar antes de disiparse en el sereno silencio:
"Sed narradores de historias que inspiren a las almas caídas. Tejedores de días mejores, seres imbuidos del coraje moral para defender lo correcto. Así seréis verdaderamente exitosos a los ojos del gran misterio que nos cobija."
Bajo los últimos resplandores del ocaso, Nereus sonrió plácidamente, habiendo vertido otro caudal interminable de sabiduría eterna.
*Nereus o Nereo es un dios del mar arcaico, anterior a Poseidón y padre de las famosas nereidas, ninfas marinas, que engendró junto a su mujer, la oceánide Doris. Pese a no ser un dios mayormente conocido, se considera uno de los más benévolos y justos con el resto de divinidades, semidioses e incluso mortales. Trataba cualquier conflicto con calma, en virtud de hacer siempre lo correcto. Lo cierto es que tenía poder sobre las olas de los mares pues se lo vincula con los remolinos que acaecen durante las tormentas. Nereo es denominado, ya desde la épica arcaica, con el epíteto de "anciano del mar" (Γερων Ἁλιος; Gerôn Halios), renombrado por ser un buen consejero de sabias palabras.

Comentarios
Publicar un comentario